Cr�nicas

1940 - 1975
Ver video

El árbol que se mecía a ritmo de vallenato, escuchaba historias y guarda recuerdos de Escalona

Imagen perfil

Son las 11:30 de la mañana en Valledupar y los hermanos Pavajeau se encuentran sentados bajo un árbol grande que apenas deja ver sus hojas más altas. Sus bocas recuerdan el sabor de tragos especiales que brindaron alguna vez, sus oídos vuelven a escuchar las melodías de un acordeón que sonó en ese mismo lugar cerca del año 52 y su mente se llena de gratas anécdotas junto al más grande del vallenato; promotor de parrandas, protagonista de historias amorosas y compositor sublime, Rafael Calixto Escalona Martínez.

Pero no es cualquier árbol ni es especial porque ahora ellos estén ahí sentados. Es un árbol de mamón macho de 100 años, frondoso, robusto, verde y elegante, alcanza alrededor de los 30 metros de altura. Un árbol que con su sombra cubrió a los juglares del vallenato durante sus encuentros, se movió al ritmo de los más grandes acordeoneros, vio ir y venir whisky Ballantine y escuchó conciertos completos de historias.  

 

arbol.jpg
Foto: Juliana Moreno Villegas

Un árbol que no nació para cumplir con su objetivo: dar frutos, pues solo dio tres algún día y, como lo dicen sus dueños, era más dulce un limón. Pero al final, cumplió un papel más importante que ese: darle sombra a las extensas parrandas de varios días que organizaban los hermanos Pavajeau con la iniciativa de Rafael Escalona.

¡Ay, ¿si ese viejo árbol de mamón ahora hablara?!, seguro contaría historias de las que solo él fue testigo, pues en su sombra parrandearon los personajes más representativos del vallenato, encabezando la lista Rafael Escalona con sus composiciones silbadas. Se disfrutó del acordeón de Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza y otros grandes que lo visitaron como Luis Enrique Martínez, Gabriel García Márquez y Alejandro Durán, además de no pasar por alto el desfile de importantes personalidades como Alfonso López Michelsen y miembros del Alto Gobierno Nacional.

Ahora, los hermanos Darío y Roberto ‘el Turco’ Pavajeau se encuentran sentados bajo ese majestuoso mamón mientras recuerdan con gran cariño a su hermano Rafa. Como ellos lo cuentan, llegaba de visitar a sus amores vestido de paño oscuro, con charreteras, cananas y con una pistola calibre 45, parqueaba su camioneta llamada María, la bandida; ordenaba whisky Ballantine y así, sin planearlo, se daban las mejores parrandas de la historia.

Darío y El Turco se transportan en el tiempo mientras miran hacia arriba las hojas verdes y recuerdan cómo, sin pensarlo, ahí se realizaron los mejor jolgorios de la historia, en los cuales no se bailaba, no habían mujeres y en los únicos que Rafael cantaba, pues casi nunca lo hacía, solo con sus amigos más cercanos y cuando ya habían compartido muchos tragos de whisky.

"Voy a cantar hoy, pero voy a cantar cuando todos estén borrachos, porque cuando todos estén borrachos nadie sabe quién canta bien ni quién canta mal", apuntaba Escalona antes de entonarse un buen vallenato.

Por supuesto, en estas parrandas no faltaba la orden de Rafael para prender un fogón de leña y preparar un exquisito sancocho de chivo. Y cómo olvidar cuando Escalona exigía que trajeran a su buen amigo Colacho Mendoza acompañado de su acordeón, pues ambos eran el complemento perfecto.

colp_hf96713.jpg
Foto: Colprensa

Visitar este imponente mamón no es difícil, aún vive en pleno centro de Valledupar en el marco de la Plaza Alfonso López. Esa casa, en especial ese patio, su quiosco y su árbol tienen una valiosa memoria de melodías e historias, las cuales nunca volverá a presenciar de la misma manera ni con tan importantes protagonistas.

Ahora, mientras este icónico árbol está adornado con bombillos verdes colgados y sigue dando sombra y frescura en los 38 grados centígrados que calientan el Valle del Cesar, en los rostros de Darío y  El Turco se ve la satisfacción de haber abierto las puertas de su casa y su familia para formar extensas parrandas.

Hoy, después de varias décadas, los hermanos no tienen más felicidad que reconstruir con anécdotas la personalidad de su gran amigo y juglar y, entre risas y nostalgia, recordar las particulares historias que vivieron junto a uno de los promotores más importantes de parrandas vallenatas sin precedentes ni posteriores, ese mismo hombre enamoradizo y amiguero, Rafael Calixto Escalona Martínez.

colp_hf171511_0.jpg
Foto: Colprensa

Aunque este gran juglar parrandeaba más de lo que estudiaba, en sus memorias hay recuerdos más allá de eso y lo inmortalizan como una persona inteligente, alguien que sabía y servía para todo, no solo para formar jolgorios históricos.

Si había discordia entre amigos y nadie la arreglaba, Rafa la solucionaba. Que estaba un amigo preso, él iba a hablar, pero de que lo sacaba lo sacaba. Un agricultor pedía un préstamo en la Caja Agraria y, si no se la daban, Escalona le conseguía el crédito. Si un amigo peleaba con la mujer, hablaba con los dos y ponía el matrimonio a funcionar. Enseñaba recetas de cocina si lo necesitaban o si a alguien le dolía algo, recomendaba qué tomar, cuenta El Turco mientras expresa gracia en sus anécdotas.

Por supuesto, no niegan que fueron unos hombres andariegos junto a Rafa, Colacho y García Márquez, pues visitaban Manaure, Patillal, San Juan del Cesar y en cada parada saludaban a un amigo o a alguno de sus amores, porque no solo fueron compañeros de fiestas, también fueron testigos y cómplices de sus aventuras con bellas mujeres. Sin embargo, cuando ahora se les pregunta por la Maye, esposa de Escalona, se hacen los que no escuchan y siguen con sus historias.

"Iba a una fiesta y si veía una mujer bonita ya estaba enamorado componiendo, más si era de afuera y cachaca como él decía", recuerda Darío entre risas.

Los tiempos han cambiado y el género ha evolucionado, los juglares se han ido yendo y las parrandas han perdido sus reglas iniciales. Ahora sí se hace más que solo contemplar melodías del acordeón y sus composiciones. En la actualidad, asisten mujeres porque ya no se consideran sinvergüenzas, además de que también se baila, algo que antes era prohibido.

Podrán pasar las generaciones y trascender las costumbres, pero ese gran árbol de mamón perdurará más allá del centenario de años que tiene y con él permanecerán vivos recuerdos que no se borrarán ni se olvidarán, pues nada tiene más valor que esas épocas en las que se tocaba, se interpretaba y se respiraba vallenato puro, ese que contaba historias reales de vivencias diarias y mujeres bellas, el que salía desde el corazón y se tarareaba al ritmo de la guacharaca, la caja y el acordeón de los reyes de reyes del folclor colombiano.

Por: Juliana Moreno Villegas- Periodista 

 

El gallo de pelea que venció al Pollo Vallenato, Alberto Pacheco Balmaceda

Imagen perfil

Alberto Pacheco Balmaceda fue el único rey vallenato que tuvo Barranquilla. El relato cuenta que se enfrentó a un maestro de maestros y lo derrotó, este es legado del currambero.

En 1886, en la región Caribe se enseñoreaba el antiguo departamento del Magdalena Grande, compuesto por: Magdalena, Cesar y La Guajira, una hermandad que los une hasta nuestros días. 

Es por esta razón que los saberes y los cantares –dentro de ese triángulo formado en las capitales de los departamentos (Santa Marta, Valledupar y Riohacha)– siempre han ompartido, entre estos, la maravillosa herencia del vallenato.

Era el año de 1971 y ya se habían celebrado cuatro años del Festival de la Leyenda Vallenata y cinco, de la conformación del Cesar como departamento independiente del Magdalena. Corría la noche del 29 de abril y en la tarima se enfrentaban tres gallos: el gran favorito Luis Enrique Martínez, El Pollo Vallenato; Emilianito Zuleta Díaz, el hijo del homónimo e inolvidable juglar y un barranquillero apenas conocido: Alberto Luis Pacheco Balmaceda.

¿Quién era Alberto Pacheco?

Julio Oñate Martínez, uno de los máximos investigadores y conocedores del vallenato señala que:

“Su nombre real era Alberto Pacheco Rolón. Su madre era de extracción humilde y sus abuelos paternos eran gente considerada (de dinero) y ellos tuvieron siempre apartada a su mamá, por eso le pusieron el apellido Balmaceda”, ya que su papá se llamaba Uriel Pacheco Balmaceda, Alberto heredó los dos apellidos de su progenitor.

Quienes lo conocieron saben que su primer instrumento fue la guitarra. Algunas fuentes señalan que se formó en la academia del maestro Ángel María Camacho y Cano.    

Rápidamente, y gracias a su amor por el arte, el barranquillero se consolidó como músico profesional.

Entre los años cincuenta y sesenta, perteneció al Trío Vásquez, un grupo de cuerda vallenata que retumbó en toda la Costa Atlántica, con el liderazgo de Ángel Fernández. Incluso llegaron a grabar canciones para la Fábrica de Discos Atlantic con el sello popular 727.

Hizo parte de Los Campesinos del Magdalena, grabó para los sellos Eva de Barranquilla y Zeida de Medellín.

Creó su propio grupo, cuando su enfoque era la cumbia. Ellos se hacían llamar Los Cumbiamberos de Pacheco.

En los sesenta, trabajó con Julio Bovea; integró Los Universitarios. Hizo parte del Ballet de Sonia Osorio, recorrió México, Checoslovaquia y la Unión Soviética. Viajó por todo el mundo.

Al respecto de su notable experiencia musical, Oñate afirma:

“El conocimiento de la guitarra le dio habilidades que quizá lo elevaron por encima de la mayoría de los acordeoneros ortodoxos. Él manejaba con fluidez el teclado, tocaba unos acordes que traía de la guitarra para el acordeón y esto hacía que Pacheco, musicalmente, fuera sobresaliente, comparado con los otros de su época”.

Pero, si era tan diestro, ¿por qué su elección como Rey Vallenato causó tanta controversia?

Jaime Pérez Parodi, el conocedor local acreditado como La Biblia del Vallenato, fue testigo de aquella edición del Festival de la Leyenda y sobre Alberto dijo:

“Era un excelente acordeonero, pero no era carismático para el público”.

El jurado estaba conformado por los compositores José Barros y Antonio María Peñaloza, el propietario de la taberna La Quemada de Cartagena, Alberto Méndez, junto con los Reyes Vallenatos Alejo Durán (gran amigo del Pollo Vallenato) y Colacho Mendoza.

La Plaza Alfonso López rugía como una gallera.

albertopacheco2.jpg
Foto: Getty Images - luxiangjian4711
Pelea de gallos

Todos los fanáticos del Pollo Vallenato habían llegado desde Fonseca, La Guajira, para apoyar a su coterráneo. Era un hervidero y el público estaba expectante para estallar en júbilo cuando escucharan el nombre de su favorito. Pero no ocurrió como lo pensaban.

Resulta que el prodigio Luis Enrique Martínez, uno de los mejores acordeoneros de la historia del vallenato, recordado por su asombroso manejo de los bajos que lo llevaron a incorporarle una nueva tecla a su acordeón, había llegado borracho y estaba pifiando las notas.

Pérez Parodi presenció la escena y emocionado narró:

“Luis Enrique Martínez llegó en un estado deplorable, cuando él comenzó a cantar yo creía que era el guacharaquero porque estaba muy disfónico y llegó Alberto Pacheco más cómodo y sobrio y lo derrotó en franca lid”.

No se podía discutir la calidad del barranquillero, quien esa noche se había enfrentado a un gigante y lo había tumbado. Era tal la contundencia de su presentación, que el mismo Alejo Durán, conocido del Pollo, votó a favor del currambero.

Las botellas volaron, los gritos inundaron el lugar. La horda enardecida armó un pleito tan bravo que hasta la Policía tuvo que intervenir.

La inconformidad fue tal que Francisco ‘Geño’ Mendoza, compositor y empresario artístico de Fonseca de donde era oriundo Martínez, le compuso una canción a Balmaceda, "El Festival Vallenato", grabada por Nelson Henríquez, cuyo canto arreció contra el rey forastero:

“Si el nuevo rey es un barranquillero, Geño… pa’ Fonseca… vámonos.

Güepa y no tendrás palabra pa’ exigir, si el nuevo rey es un barranquillero y no tendrás para exigir.

Si el nuevo rey es un barranquillero, pero inconforme el pueblo ha de seguir”.

Balmaceda no se quedó callado y respondió con su canción "Contestación al Festival Vallenato":

“Yo sí tengo la palabra, yo sí tengo la palabra pa’ decirle que yo soy ese rey barranquillero.

Y no pa’ exigirme, como dice un fonsequero que está resentido por ser muy apasionado

Y me he dado cuenta que anda muy decepcionado y como perdedor no es correcto caballero”.

Según el periodista Rafael Sarmiento Coley, las quejas por el fallo de los jueces llegaron hasta Consuelo Araújo y Rafael Escalona pidiendo que cambiaran la reglas para elegir siempre a los representantes del Cesar y La Guajira.

Ellos ignoraron la petición y lo hicieron bien porque, hasta 2018, se han elegido siete reyes vallenatos de otros departamentos de Colombia que no son del Magdalena Grande: Atlántico, Bolívar, Sucre, San Andrés y Providencia, Córdoba, Bogotá y Boyacá.

¿Qué culpa tenía Pacheco de ser barranquillero? Ninguna.

Él solo demostró que con enfoque se puede vencer hasta a un maestro de maestros, como lo era Martínez. La más fiel demostración de la fábula de La Tortuga y La Liebre, porque, así como reza el proverbio japonés: “tarde o temprano la disciplina vencerá a la inteligencia”.

O mejor dicho, como lo dijo el gallo de pelea barranquillero, Alberto Pacheco Balmaceda, en su canción en respuesta a las quejas:

“Se gana cuando se puede y no cuando se quiere”.

albertopacheco3.jpg
Foto: Colprensa
Los caminos del vallenato

Por: Felipe Laverde Salamanca – Periodista

Villanueva, la cuna de grandes artistas

Imagen perfil

Que en cada rincón de Villanueva se escuchen vallenatos de todas las épocas, no tiene otro significado más que sus raíces siguen vigentes y lo harán de generación en generación.

Este lugar ubicado a 45 minutos de Valledupar es un pueblo pequeño, y eso hace que sea fácil encontrarse con cantantes, reyes vallenatos, compositores e historiadores en sus esquinas o tiendas.

valle.jpg

Sus calles combinan la tranquilidad característica de un pueblo donde horas enteras pueden pasar sentados sobre una mecedora; con la emoción que generan las notas de un acordeón en medio de una parranda vallenata.

Es conocido como ‘Cuna de acordeones’ y este apodo no se lo ganó gratis. Basta con hacer un recorrido para estar parado frente a la casa donde nació Jorge Celedón, la cual se mantiene intacta y, si cuentan con suerte, la persona que allí habita hace un pequeño tour para que conozcan dónde creció el ganador tres veces del Grammy Latino.

Celedón y grandes exponentes del género vallenato tienen una característica placa en la puerta de sus casas, como reconocimiento a su aporte a la cultura. Egidio Cuadrado, el ‘Turco’ Gil, Jean Carlos Centeno, Junior Santiago, las dinastías Zuleta Díaz, Ovalle Vanegas, Romero Ospino, Maestre Socarrás, entre otros, tienen un emotivo mensaje plasmado, que demuestra lo que significa para Villanueva el hecho de verlos nacer e inspirarse con el vallenato en sus tierras.

zuelata.jpg

Estos artistas no olvidan de dónde vienen y, es usual verlos pasar tiempo en esta tierra. Rosendo Romero, reconocido compositor vallenato dedica sus tiempos libres recorriendo los lugares que lo vieron convertirse en lo que es hoy, uno de los autores de temas que han sido inmortalizados por Diomedes Díaz, Jorge Oñate, Jorge Celedón, Otto Serge, Alfredo Gutiérrez, el Binomio de Oro de América, entre otros.

“El poeta de Villanueva”, como es conocido este compositor universal de la música vallenata ensayaba desde pequeño el acordeón junto con sus hermanos en el patio de su casa, bajo un frondoso árbol de mango, un punto bastante acogedor para sacarle las mejores notas a este instrumento musical.

romero.jpg

Recuerda que desde pequeño se enamoró del vallenato, se escapaba de su casa para ir a las parrandas y escuchar esos versos mágicos. Se escondía detrás de los asientos, arriesgándose a que lo escupieran porque los grandes se tomaban el trago y lo tiraban hacia atrás. Como la mayoría de edad se cumplía a los 21 años, se las ingeniaba para parrandear sus canciones montado en un burro de camino a la cordillera junto a su hermano Israel Romero, hoy integrante del Binomio de Oro de América.

Escribió muchas canciones cuando estaba pequeño, pero un día su mamá estaba haciendo aseo en la casa y sacó un cuaderno que estaba debajo del colchón, pero como no sabía qué era, lo quemó y allí se fueron sus primeros versos. Sin embargo, no se detuvo y un día en 1974 compuso La Custodia del Edén y la tocó en el patio de su casa. Su hermano Norberto la oyó mientras se bañaba, le llevó una grabadora, le pidió que se la tocara en acordeón y logró hacerla reconocida. Allí comenzó su carrera en el mundo artístico como compositor.

Vio crecer muchos talentos, vivió el momento en el que Andrés ‘El Turco’ Gil construía su carrera, mientras que Beto Murgas grababa canciones para los Billos Caracas Boys. Recuerda a la mamá de Jorge Celedón amamantándolo por las calles de Villanueva y años después, cantar sus primeros versos. Jean Carlos Centeno y Poncho Zuleta también hicieron parte de los talentos que él vio convertirse en grandes.

El vallenato pareciera ser la sangre que corre por las venas de quienes habitan Villanueva. Jaime Plata fue presidente del festival ‘Cuna de Acordeones’ por más de 30 años y hoy, recuerda cada detalle de lo que ha pasado en su tierra en cuanto a la cultura vallenata se refiere. Él también puede dar fe del orgullo que significa para la región los grandes exponentes del género que se criaron en su tierra y el significado del acordeón para los guajiros.

“El vallenato es importante para la cultura porque es una música ancestral que representa no solo a nuestra región, sino a toda Colombia. Se posicionó tanto que ya no lo toca solo la gente de la costa, sino de Bucaramanga, Boyacá e incluso hay festivales en Cundinamarca. Es un género que se aprende al escuchar y al estar en contacto con ella, una manifestación artística y del corazón. Quien tiene el don de tocar y cantar un instrumento está privilegiado por Dios.

‘Cuna de acordeones’ no solo se quedó en un nombre que representa a los artistas que nacieron en Villanueva, sino que se convirtió en un icónico festival que hoy cumple 41 años. Su nacimiento se dio en la casa de Gloria Socarrás Maestre, la madre de Gabriel ‘El Chiche’ Maestre para que el vallenato perdurara por años y, de paso, se le hiciera un reconocimiento a aquellos acordeoneros que no han tenido la suficiente exposición. Gracias a esto, hoy en día, jóvenes y artistas con más de 60 años de edad, se enfrentan en una sana contienda musical e interpretan los cuatro aires tradicionales del vallenato, el paseo, son, merengue y puya.

Por: Carolina Vergara López - Periodista

Andrés 'El Turco' Gil, un hombre generoso que tiene el acordeón como un instrumento de transformación social

Imagen perfil

El músico vallenato fomenta la cultura del acordeón, la caja y la guacharaca a través de su academia musical.

Cuando Andrés Gil nació era un bebé gordito, colorado y rozagante. Sin embargo, su abuelo al verlo por primera vez exclamó: "¡Caramba, este pelao parece un turco!", sin saber que este apodo, que no tiene nada que ver con su tez morena, reemplazaría el Andrés para siempre. En Villanueva, y algunos otros pueblos de La Guajira, se conserva una magia macondiana en donde un sobrenombre tiene más acogida que los propios nombres.

El Turco Gil siempre ha tenido contacto y comunicación directa con la música. Sus inicios se remiten en La Guajira en donde su padre, Juancho Gil, tenía una orquesta en la que interpretaba la trompeta. Por parte de su mamá, su tío Reyes Torres también tenía una de las mejores orquestas de la región.

A los siete años, Andrés ya tocaba trompeta y leía partituras, ya que había tomado un curso de gramática musical. Estudió durante siete años saxofón y clarinete, y, para rematar, fue vecino en los barrios El Cafetal y San Luis de grandes acordeoneros como Emiliano Zuleta, Israel Romero, Beto Murgas y Egidio Cuadrado; también de virtuosos cantantes y compositores como Jorge Celedón y Jean Carlos Centeno.

En una de las tantas parrandas que su mamá hacía en casa y a las que llegaban invitados de lujo como Rafael Escalona, Leandro Díaz y Guillermo Buitrago, El Turco encontró un acordeón pequeño y desde ese preciso instante, en el año 1965, se convirtió en pasión cuando un acordeón tecnificado con todos los sonidos de la música lo entusiasmó a estudiar este instrumento al derecho y al revés.

Tal fue su obsesión por el acordeón, que los piropos y elogios por su manera de interpretarlo no se hicieron esperar. Lucho Bermúdez, Pacho Galán y Alfredo Gutiérrez admiraban su talento.

"Cuando Alfredo Gutiérrez escuchó mi primer disco, dijo: 'El Turco Gil se adelantó 30 años a la música vallenata'. César Castro de Los Corraleros de Majagual me dijo que era un acordeonero de otro mundo. Otros personajes de la música en la época no entendían lo que hacía y terminaban difamando y afirmando que básicamente yo no tocaba un carajo", comenta mientras vamos mirando su álbum de recuerdos que lo conserva como un trofeo, pues son logros que han quedado en la memoria fotográfica.

Como todo el mundo sabía para donde iba El Turco Gil, acordeoneros profesionales, padres de familia que querían que sus hijos aprendieran a tocar este instrumento y aficionados al vallenato empezaron a contactarlo para que les transmitiera su pasión. Cuando menos pensó, sus estudiantes no cabían en el patio de la casa y así nació la Academia de Música Vallenata Andrés 'El Turco' Gil, una institución de educación no formal que fue creada para el desarrollo y el fomento del folclor y la cultura vallenata.

Cada aula de la academia lleva el nombre de un juglar vallenato fallecido. Es vital que los niños nunca olviden las raíces musicales de personajes que enaltecieron el género como Alejo Durán, Juancho Rois, Pacho Rada, Colacho Mendoza, Juancho Polo Valencia, Luis Enrique Martínez, Alberto Rada, entre otros.

turco2.jpg

El método infalible para aprender a tocar acordeón –así como cualquier otro instrumento– con toda las de la ley es la constancia y el aprendizaje continuo. Nadie conoce mejor este instrumento que El Turco. No es casualidad que le hayan pedido en más de una ocasión ser profesor en otros países en conservatorios de música.

"Una vez atendí dos horas a un alumno en Holanda. Cuando terminé me dijo: 'he aprendido más en estas dos horas que en ocho meses de estar en un conservatorio de acordeón'", agrega mientras se sonríe orgulloso de sí mismo.

Lo han llamado de Australia, China, Japón y Estados Unidos a dictar clases, pero El Turco ama esta tierra, ama Colombia. "Yo prefiero pasar hambre, pero aquí soy feliz", comenta con una mirada firme y segura.

De su academia musical es fruto Los niños vallenatos del Turco Gil, una agrupación conformada por los mejores alumnos y cuyo objetivo es promover la cultura vallenata en Colombia y el mundo. Es una especie de Fania cuyo éxito explotó cuando visitaron la Casa Blanca en Estados Unidos, sorprendiendo con su mensaje, talento y carisma al presidente de la época, Bill Clinton.

"Una vez nos invitaron a Washington al encendido del árbol de Navidad el 8 de diciembre. Cuando Bill Clinton vio a los niños quedó tan impactado que llamó a Elton John y otros de sus amigos para que vieran este espectáculo", explica con una voz entrecortada y emocionado.

turco_3.jpg

La labor de Andrés Gil ha sido tan grande que hasta en el libro "Mi vida" de Bill Clinton, el exmandatario le dedicó unas sentidas palabras: "Cuánto desearía que en cada zona del conflicto hubiera un maestro como El Turco Gil".

Su mayor satisfacción ha sido que su trabajo se haya convertido en una pasión por la que día a día lucha. Hay que tener un don para enseñar, para compartir el conocimiento, hacerlo por gusto y no por obligación. Ahí radica la esencia de su éxito.

En definitiva, y para nada es un secreto, que los mejores acordeoneros del mundo –porque nuestro vallenato es único– los ha parido El Turco Gil.

Por: Diego Báez - Periodista